Archive for CRECIMIENTO PERSONAL

Emmanuel…

Simplemente sentimientos !!!

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La comunicación en familia, comunicación de escucha y amor.

 

El test de la golosina

Las Golosinas – Pasaje del 1995 libro de Goleman

EL CONTROL DE LOS IMPULSOS: EL TEST DE LAS GOLOSINASImagine que tiene cuatro años de edad y que alguien le hace la siguiente propuesta: «ahora debo marcharme y regresaré en unos veinte minutos. Si lo deseas puedes tomar una golosina pero, si esperas a que vuelva, te daré dos». Para un niño de cuatro años de edad éste es un verdadero desafío, un microcosmos de la eterna lucha entre el impulso y su represión, entre el id y el ego, entre el deseo y el autocontrol, entre la gratificación y su demora. Y sea cual fuere la decisión que tome el niño, constituye un test que no sólo refleja su carácter sino que también permite determinar la trayectoria probable que seguirá a lo largo de su vida.Tal vez no haya habilidad psicológica más esencial que la de resistir al impulso. Ese es el fundamento mismo de cualquier autocontrol emocional, puesto que toda emoción, por su misma naturaleza, implica un impulso para actuar (recordemos que el mismo significado etimológico de la palabra emoción, es del de «mover»). Es muy posible —aunque tal interpretación pueda parecer por ahora meramente especulativa— que la capacidad de resistir al impulso, la capacidad de reprimir el movimiento incipiente, se traduzca, al nivel de función cerebral, en una inhibición de las señales límbicas que se dirigen al córtex motor.

En cualquier caso, Walter Misehel llevó a cabo, en la década de los sesenta, una investigación con preescolares de cuatro años de edad —a quienes se les planteaba la cuestión con la que iniciábamos esta sección —que ha terminado demostrando al extraordinaria importancia de la capacidad de refrenar las emociones y demorar los impulsos. Esta investigación, que se realizó en el campus de la Universidad de Stanford con hijos de profesores, empleados y licenciados, prosiguió cuando los niños terminaron la enseñanza secundaria. Algunos de los niños de cuatro años de edad fueron capaces de esperar lo que seguramente les pareció una verdadera eternidad hasta que volviera el experimentador. Y fueron muchos los métodos que utilizaron para alcanzar su propósito y recibir las dos golosinas como recompensa: taparse el rostro para no ver la tentación, mirar al suelo, hablar consigo mismos, cantar, jugar con sus manos y sus pies e incluso intentar dormir. Pero otros, más impulsivos, cogieron la golosina a los pocos segundos de que el experimentador abandonara la habitación.

El poder diagnóstico de la forma en que los niños manejaban sus impulsos quedó claro doce o catorce años más tarde, cuando la investigación rastreó lo que había sido de aquellos niños, ahora adolescentes. La diferencia emocional y social existente entre quienes se apresuraron a coger la golosina y aquéllos otros que demoraron la gratificación fue contundente. Los que a los cuatro años de edad habían resistido a la tentación eran socialmente más competentes, mostraban una mayor eficacia personal, eran más emprendedores y más capaces de afrontar las frustraciones de la vida. Se trataba de adolescentes poco proclives a desmoralizarse, estancarse o experimentar algún tipo de regresión ante las situaciones tensas, adolescentes que no se desconcertaban ni se quedaban sin respuesta cuando se les presionaba, adolescentes que no huían de los riesgos sino que los afrontaban e incluso los buscaban, adolescentes que confiaban en sí mismos y en los que también confiaban sus compañeros, adolescentes honrados y responsables que tomaban la iniciativa y se zambullían en todo tipo de proyectos. Y, más de una década después, seguían siendo capaces de demorar la gratificación en la búsqueda de sus objetivos.

En cambio, el tercio aproximado de preescolares que cogió la golosina presentaba una radiografía psicológica más problemática. Eran adolescentes más temerosos de los contactos sociales, más testarudos, más indecisos, más perturbados por las frustraciones, más inclinados a considerarse «malos» o poco merecedores, a caer en la regresión o a quedarse paralizados ante las situaciones tensas, a ser desconfiados, resentidos, celosos y envidiosos, a reaccionar desproporcionadamente y a enzarzarse en toda clase de discus iones y peleas. Y al cabo de todos esos años seguían siendo incapaces de demorar la gratificación.

Así pues, las aptitudes que despuntan tempranamente en la vida terminan floreciendo y dando lugar a un amplio abanico de habilidades sociales y emocionales. En este sentido, la capacidad de demorar los impulsos constituye una facultad fundamental que permite llevar a cabo una gran cantidad de actividades, desde seguir una dieta hasta terminar la carrera de medicina. Hay niños que a los cuatro años de edad ya llegan a dominar lo básico, y son capaces de percatarse de las ventajas sociales de demorar la gratificación de sus impulsos, desvían su atención de la tentación presente y se distraen mientras siguen perseverando en el logro de su objetivo: las dos golosinas.

Pero lo más sorprendente es que, cuando los niños fueron evaluados de nuevo al terminar el instituto, el rendimiento académico de quienes habían esperado pacientemente a los cuatro años de edad era muy superior al de aquéllos otros que se habían dejado arrastrar por sus impulsos. Según la evaluación llevada a cabo por sus mismos padres, se trataba de adolescentes más competentes, más capaces de expresar con palabras sus ideas, de utilizar y responder a la razón, de concentrarse, de hacer planes, de llevarlos a cabo, y se mostraron muy predispuestos a aprender. Y, lo que resulta más asombroso todavía, es que estos chicos obtuvieron mejores notas en los exámenes SAT. El tercio aproximado de los niños que a los cuatro años no pudieron resistir la tentación y se apresuraron a coger la golosina obtuvieron una puntuación verbal de 524 y una puntuación cuantitativa («matemática») de 528, mientras que el tercio de quienes esperaron el regreso del experimentador alcanzó una puntuación promedio de 610 y 652, respectivamente (una diferencia global de 210 puntos).”

La forma en que los niños de cuatro años de edad responden a este test de demora de la gratificación constituye un poderoso predictor tanto del resultado de su examen SAT como de su CI; el CI, por su parte, sólo predice adecuadamente el resultado del examen SAT después de que los niños aprendan a leer. “Esto parece indicar que la capacidad de demorar la gratificación contribuye al potencial intelectual de un modo completamente ajeno al mismo CI. (El pobre control de los impulsos durante la infancia también es un poderoso predictor de la conducta delictiva posterior, mucho mejor que el CI.)”’ Como veremos en la cuarta parte, aunque haya quienes consideren que el CI no puede cambiarse y que constituye una limitación inalterable de los potenciales vitales del niño, cada vez existe un convencimiento mayor de que habilidades emocionales como el dominio de los impulsos y la capacidad de leer las situaciones sociales es algo que puede aprenderse.

Así pues, lo que Walter Misehel, el autor de esta investigación, describe con el farragoso enunciado de «la demora de la gratificación autoimpuesta dirigida a metas» —la capacidad de reprimir los impulsos al servicio de un objetivo (ya sea levantar una empresa, resolver un problema de álgebra o ganar la Copa Stanley)— tal vez constituya la esencia de la autorregulación emocional. Este descubrimiento subraya el papel de la inteligencia emocional como una metahabilidad que determina la forma —adecuada o inadecuada— en que las personas son capaces de utilizar el resto de sus capacidades mentales.

Abrazoterapia.

Hoy quiero difundir algún dato sobre esta magnifica terapia que a mi tanto me gusta llevar a cabo tanto en mi vida personal como laboral  y que considero que todos debemos practicar: “La abrazoterapia”.

Los abrazos, además de hacernos sentir bien, se emplean para aliviar el dolor, la depresión y la ansiedad. Provocan alteraciones fisiológicas positivas en quien toca y en quien es tocado.

En el acto del abrazo no solamente actúa la oxitocina, sino que también, el abrazo activa en el cerebro la liberación de serotonina y dopamina, por lo que resulta fácilmente entendible la razón por la que experimentamos una maravillosa sensación de bienestar, sedación, armonía y plenitud en el momento del abrazo.

Cuando nos tocamos y nos abrazamos con espíritu solidario y alegre, llevamos vida a nuestros sentidos y reafirmamos la confianza en nuestros propios sentimientos.

Los beneficios de los abrazos son inmediatos:

  • Nos rescatan de la soledad y el aislamiento. No estamos solos, no somos el centro del Universo. Somos el Universo.
  • Guían el auto conocimiento potenciando la autoestima.
  • Facilitan los desbloqueos físicos y emocionales.
  • Nos permiten vivenciar la integración de cuerpo, mente y emociones.
  • Nos ejercitan en la empatía.
  • Nos sitúan plenamente en el Aquí y el Ahora.
  • Favorecen la comunicación afectiva con nosotros y con el otro.
  • Estimulan la gratitud.
  • Despiertan la creatividad.
  • Impulsan a una actitud pro-activa en la vida.
  • Conectan con la intuición.
  • Favorecen el entrenamiento de respuestas asertivas.
  • Devuelven la ilusión, la alegría y el buen humor, puesto que la risa es su fiel compañera.
  • Le brinda reconocimiento y protección a nuestro “niño interior”.
  • Potencia la resiliencia.

Este maravilloso lenguaje  no distingue idiomas,  comunica desde la diversidad y sin distinciones, con una alta eficacia de las emociones que experimenta nuestro cuerpo y, que nuestros sentimientos quieren transmitir, y de ahí que:
“Un abrazo expresa más que 1.000 palabras”

Así que te envío un abrazo para ti.

Reflexión.

“Cuando la vida te presente

mil razones para llorar,

demuéstrale que tienes mil y

una razones por las cuales 

sonreír”.

Mi discurso de despedida.

COMO HOJA QUE LLEVA EL VIENTO

Como hoja que lleva el viento,…Me detuve delante de la gran Casa Familiar…tras realizar una breve mirada a lo que es la fachada enseguida observé la preciosa y blanca imagen de San Francisco que me invito a llamar. Los nervios y la curiosidad de la razón por la que había llegado, pronto de evaporaron  dando paso a una paz interior y un sosiego que nunca antes había sentido. Las increíbles plantas y flores que adornan la entrada, llamaron mi curiosidad. Me parecieron increíbles, sorprendentes. (Ahora sé con certeza que se trata de las maravillosas manos del Hno. Javier).

Sin embargo, fue el retrato del Hno. Isidoro quien capto mí mirada fijamente.

Me senté… Y durante unos segundos me quede ensimismada,… tratando de encontrar una explicación a lo que mi extrema sensibilidad me estaba mostrando,… dejando volar mis emociones y tratando de hallar la explicación  a la magia que había sentido durante tan solo 4 minutos de la vida…y que en mi mente habían sido toda una aventura de nuevas sensaciones.

Fue entonces cuando el movimiento de una puerta interrumpió mis pensamientos,… inesperadamente nuestros  ojos se cruzaron mostrándome cariño, paz, dulzura,… y regalándome la que para mí fue su primera sonrisa…Hno. Juan. (Una de las personas más especiales que he conocido y que me llevo en la mente).

Ya tenía nombre para mis sensaciones…en ese momento supe claramente que era todo el amor que reside en el hogar, dentro de cada una de las personas que lo forman, la hermosa sensación que me envolvía.

Tras la espera…se dirige a mí una chica dulce dulce, con una sincera y gran sonrisa. Ana. En un principio me recordó a una pequeña duendecilla feliz,…(poco a poco he descubierto que es un ángel en todos los sentidos de la palabra)…

Es entonces cuando me dirijo a realizar la entrevista. Fue en el trayecto del pasillo que observe una pared de cristal, y  tras ella asomaban otras dos pequeñas duendecillas trabajadoras. (Recuerdo ver a Irene y a Pilar Vela ensimismadas en sus tareas).

Todavía aumentaron mis emociones cuando realice la entrevista con mucha naturalidad y sin los nervios que en otros momentos me habían atacado.

Recordé en esos momentos a una persona que años antes me había marcado la labor de los Hnos. Franciscanos en mí. (El Pulga) Este se encargo de transmitirnos (entre otros) el mensaje de “amor, paz y solidaridad” que tan claramente había experimentado durante momentos antes.

Sin hacerme ningún tipo de ilusiones, ni proyectar en mi mente una ligera idea sobre el trabajo en la casa, salí satisfecha.

Así es como recuerdo ese primer contacto con algunos de vosotros,…sinceramente muy agradable.

Pues bien, es ahora cuando llevo compartiendo mi profesión en la casa durante 14 meses con todos vosotros, cuando me doy cuenta de lo realmente importantes que sois para mí. Admiro la entereza con la que se lleva la casa, sin sorprenderme ahora que os conozco mejor, que cualquier ser humano que pase por ésta, tiene que estar dotado de una sensibilidad y competencia extrema, como sois todos vosotros. Pronto comprendí que el capital humano que hay invertido en el personal laboral de la casa es muy selectivo, profesional y competente.

Ahora, como en otras ocasiones, quiero gritar al cielo lo enormemente agradecida que os estoy de haber podido compartir con todos vosotros este breve pero intenso espacio de mi vida. Me sincero añadiendo lo enamorada que me he sentido de todos los miembros que desde todas las áreas hacéis que este sueño sea posible, a nuestros tan dedicados “voluntarios”, a la vez que de todos los residentes. (No lo puedo evitar, me parecen maravillosos). Es a ellos a quienes en gran parte tengo que agradecer todo mi aprendizaje, ya que me han abierto horizontes, sincerándose y dejándome entran mas allá de lo que nunca me hubiera imaginado. Dejando que los conociera profundizando en su “universo” y aventura personal.

En una ocasión el Hno. Juan me dijo que Cruz Blanca éramos todos. En ese momento no lo comprendí. Estaba ciega. Consideraba que la admiración debía girar en una sola dirección que formaban los Hnos. Franciscanos. Sin embargo, ahora si entiendo y comparto su exposición, ya que me considero una más de la familia…(que sentimiento tan hermoso).

A lo largo de este tiempo he pretendido, (al igual que transmitir mis conocimientos sobre Educación Social o Pedagogía,) aprender con todos vosotros.

Considero que todo el trabajo que he realizado me ha hecho crecer como persona, tanto profesionalmente como personalmente, por lo que os vuelvo a estar agradecida ya que no conozco o deseo mayor riqueza que la que me habéis ofrecido con mi desarrollo como ser.

Recuerdo que comencé mi contrato en Marzo, con intención de finalizarlo en Mayo.

Recuerdo esos primeros días desorientados y revestida de trabajo, a la vez que interesadísima y emocionada. Al poquito de llegar me toco realizar el resiplus de todas las actividades que se realizaban (y cierto es que de  alguna tenía los conocimientos mínimos, por no nombrar “microgimnasia” que no sabía ni lo que realmente era.) Estudie en profundidad los talleres y en este sentido tengo que agradecer la orientación y cooperación de los voluntarios que los desempeñan como Flor, Concha, Cristina, Montse, Angel, Jose Mª y Montse, Laura, Javier, Ernesto y Virginia entre otros. Gracias a ellos la integración por mi parte en los talleres fue inmediata.

No obstante, sin terminar esta tarea, y sin abandonar la coordinación de los talleres e impartiendo desde el primer momento tres de ellos, y sin nombrar otras ocupaciones diarias, llego “el día de las familias”.

Casi me da un yuyu cuando mi compañera Heyleen me pasa casi un millar de fotos, para realizar el video (del que tengo que dar las gracias nuevamente por brindarme esa labor, ya que me ayudo mucho a conocer a los residentes y a sensibilizarme con la casa). A todo esto no incluyo los nervios de conocer a los familiares, añadidos a todas las dinámicas que realizamos a lo largo de la mañana, o la interpretación poco preparada del coro.

Sin darme cuenta, nuevamente se me plantea un nuevo reto, terminan los voluntarios el curso dando paso al verano…pues que me toco…elaborar y desempeñar las actividades del verano (junio y julio). Otro barco que llegaba cargado de ideas y de energía para derrochar con todos ellos. Logre reunir a un grupo de nuevos voluntarios para ayudarme a desarrollar la labor, contando con personas  como Fernando, Carmen y Roció, Nacho y Lisa o Merche “nuestra voluntaria”…Gracias a todos y con la ayuda de nuestros estupendos auxiliares, logramos superar un verano lleno de momentos felices para nuestros residentes y nosotros mismos. Así sucesivamente,… luego programar el nuevo curso,…

En fin que pronto entré en la dinámica de trabajo de Cruz Blanca. Me convertí en otra “duendecilla trabajadora” de la casa, y poco a poco un miembro más de la familia.

Todavía siento las primeras emociones experimentadas con los residentes el momento en que Ana me los presento. Siento la sonrisa de David y la impresión que causo Víctor en mí, entre muchos otros. Tal vez lo podría haber vivido de mil formas diferentes, pero el trato de Ana con los chicos,…la forma en que nos recibían todos ellos tan cariñosamente,…el contacto físico que todos ellos necesitaban y que tan amablemente lleno mi compañera con sus sonrisa,…de verdad que no quiero borrar esos momentos de mi mente, …que no quiero olvidar el primer abrazo del Hno. Juan, (que os aconsejo que lo abracéis siempre que tengáis ocasión porque es maravilloso sentir su calor),…que no quiero olvidar a mis dos compañera Irene y Pilar, (que me han facilitado todo cuanto he necesitado sin llamarme pesada en ningún momento, y creo que ocasiones ya han tenido) además de haberme escuchado siempre y alegrar el espacio de trabajo (son sorprendentes (todo corazón y además las tengo un cariño muy grande). Tampoco quiero olvidar al por mi admirado Hno. Javier, con su energía, fuerza, y sus delicadas manos con las que cuida de las plantas y los enfermos,… por no nombrar la “sopa de pescado” que tuve el gusto de probar el día de San Francisco y que tan exquisita estaba. Pero lo que más me ha gustado del Hno. Javier han sido sus conversaciones. Cuando cuenta sus aventuras me quedo callada, y disfruto escuchándolo. Sencillamente me encuentro bien a su lado (que a su vez no sucede con todas las personas. Lo admiro).En ningún momento me quiero olvidar de Heyleen, ya que de ella no me cansaría de mencionar cosas buenas, pues destaca por su bondad, creatividad y solidaridad (siempre se preocupa por todos). Y de mis compis las educadoras, con las que considero se ha canalizado el trabajo correctamente, además de haber seguido el modelo de nuestra Marisum como referencia para el desempeño de mis tareas. Con ellas, quiero recordar los buenos momentos. Tampoco quiero olvidar a los que han sido mis compañeros, aunque nuestras disciplinas no se hayan cruzado en tantas ocasiones, pero que en las necesarias si han sido de gran ayuda y admiración como a Cristina, Lucia y Alba, Sandra, Nacho, Ana Laliena (con quien me voy a seguir viendo unos días en la guardería), María, Mario, el tan solicitado José Ramón, o la cariñosa Pili Paul. Ni a los voluntarios como Asun, Merche y Jesús, Julieta, Juan y Carmen, Mª Angeles o Isabel, entre otros, que constituyen otro de los importantes pilares de la casa, y que tan atentamente lo llevan a cabo.

Bueno me doy cuenta de que no terminaría nunca de escribir los nombres de todas las personas a las que les estoy agradecida, ya que tendría que incluir a todos los auxiliares, cocineras, limpieza y a todos los voluntarios con los que he compartido tantos y tantos momentos diseñando y llevando a cabo multitud de actividades.

Pues es a todos vosotros a quienes agradezco que hayáis hecho de mi vida una aventura que realmente ha merecido la pena. Es con esto con lo que me quedo, “ha Merecido la Pena”.

Deseo que todas las personas sepan disfrutar del dulce “polen” que nos ofrece Cruz Blanca, posándose con sus pequeñas patitas, (como si de una abejita se tratara) en el polen de esta “flor”, y se queden pegaditas del disfrute como me ha pasado a mí. (Que sigo pegadita y me va a costar mucho poder volar).

Son muchos los valores que he podido comprobar existentes  en la casa en este breve espacio de tiempo. Valores como la dignidad, el respeto, la tolerancia, el cariño, la solidaridad, y sobre todo la humildad y el compañerismo. Todos ellos forman lo que busco en mi ejercicio profesional y personal, valores que me empeño en tratar de encontrar y transmitir yo misma. Es la razón principal por la que estoy aquí hoy con todos vosotros, sintiéndome muy feliz y afortunada por ello.

Por todo esto y por lo que aun me callo,… quiero pensar que parte del trabajo, del esfuerzo y la dedicación que os he brindado a toda esta Gran Familia que formáis en la casa “San Lorenzo” perdure. Y de no ser así, puedo asegurar que ha sido todo un placer el compartir estos momentos maravillosos con todos vosotros. Entre todos habéis sacado lo mejor de mí, habéis despertado el amor por mi vocacional profesión y…sinceramente os lo agradezco.

Yo no puedo dar consejos,…pero si me atrevería a recordaros,… que cada mañana cuando salga el sol y entre por una pequeña rendija de la persiana,…cuando despertéis de vuestros dulces sueños,…penséis, (al igual que yo en todos estos meses)…lo enormemente agradecidos que estamos a la vida, por compartir este gran día con una Familia tan especial como es “Cruz Blanca”.

Hoy quiero regalaros para que quede en casa,… un trocito de mi corazón…y al paso como les digo a mis hijos,… unos polvitos mágicos de felicidad.

Y como siempre digo que tengo mucha suerte de estar aquí con todos vosotros,… mi deseo (si me lo permitís) es volver en algún momento,… como esa hoja que el suave viento voló hasta vuestra puerta un día de primavera, como aquel 12 de Marzo sucedió,… y poder estrecharos nuevamente entre mis brazos, deseando hasta entonces que la familia siga creciendo con la ayuda de todos vosotros que hacéis posible que nuestra Casa Familiar “San Lorenzo” sea tan especial.

Me despido con el estribillo de una canción de José Antonio Labordeta, cuyo gusto también ha despertado estando en la casa, (con Flor) y que en esta ocasión describe mis sentimientos.

“Albada de la ausencia”

Aunque me voy no me voy,
aunque me voy no me ausento.
Aunque me voy de persona,
me quedo de pensamiento.

Gracias.

¿Apasionado o Apático?

“La persona que no se apasiona por lo que hace, no puede disfrutar lo hermoso de la vida”

¿Cómo esta siendo tu vida hoy? ¿Estás viviendo con pasión, entusiasmo? ¿Estás siendo complaciente contigo mismo o estás viviendo de forma apática, indiferente?

Muchos quieren alcanzar el éxito, tener victorias en sus vidas, pero no lo logran porque sencillamente no toman acción, se conforman con la mediocridad, se han acostumbrado a vivir y esperar a que suceda algo en vez de tomar responsabilidad sobre sus vidas y vivir con entusiasmo.

La vida es una sola y esta te demanda pasión, te demanda entrega, energía y muchos no la están dando por encontrarse agotados por una relación disfuncional, estresados por un negocio improductivo, en fin pueden haber muchas razones por las cuales tu pierdas energía. ¿Qué es lo que te está robando la energía? ¿Qué es lo que no te permite vivir con pasión? Sea lo que sea tu puedes elegir cambiar hoy y vivir con pasión.

Si quieres que tu vida funcione, que tus relaciones florezcan, que tus negocios sean altamente productivos necesitas comprometerte contigo mismo, llenarte de pasión, ya que no puede haber éxito sin entusiasmo.

“Nunca se ha logrado nada sin entusiasmo.” Emerson


Si quieres seguir leyendo…

http://www.renuevodeplenitud.com/apasionado-o-apatico.html