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Bandura y el muñeco Bobo.

El experimento del muñeco Bobo de Bandura demuestra que los niños aprenden a ser violentos de los adultos y de su entorno.
La responsabilidad del mal comportamiento es nuestra y es evidente que las conductas de los padres en el ambiente familiar o el entorno social y escolar van a reflejarse en la conducta de los niños.

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Frase del día.

“La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca.”

HEINE, Heinrich 
Poeta alemán

LA TEORÍA DE LAS INTELIGENCIAS MÚLTIPLES

 LA TEORÍA DE LAS INTELIGENCIAS MÚLTIPLES
La teoría de las inteligencias mútliple de Howard Gardner  reconoce y explica algo que todos sabemos  intuitivamente, y es que la brillantez académica no lo es todo en esta vida. Hay gente de gran capacidad intelectual pero incapaz de, por ejemplo, elegir bien a sus amigos y, por el contrario, hay gente menos brillante en el colegio que triunfa en el mundo de los negocios o en su vida personal.  La razón es que no hay un sólo tipo de inteligencia, sino muchos. Triunfar en los negocios, o en los deportes, requiere de unas capacidades distintas de las que usamos para resolver problemas de matemáticas o al escribir un poema.  Howard Gardner ha identificado ocho tipos o áreas distintos de inteligencia. La mayoría de los alumnos destacan en una o dos de ellas. El cuadro siguiente recoge las características más importantes de cada área. ¿Cómo aplicar las inteligencias múltiples al aula?
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LINGUISTICO – VERBAL

La habilidad de pensar en palabras y utilizar el lenguaje para expresar y percibir significados complejos.
Leer, escribir, contar cuentos, hablar, memorizar, hacer puzzles.
Leyendo, escuchando y viendo palabras, hablando, escribiendo, discutiendo y debatiendo.
La habilidad de calcular, cuantificar, utilizar el razonamiento lógico, considerar premisas hipótesis, pautas y relaciones y llevar a cabo operaciones matemáticas complejas.
Resolver problemas, cuestionar, trabajar con números, experimentar.
Usando pautas y relaciones, clasificando, trabajando con lo abstracto.
ESPACIAL
La capacidad de pensar de forma tridimensional y de percibir imágenes internas y externas, recrearlas, transformarlas y hacer que los objetos y uno mismo se muevan a través del espacio y de codificar y producir gráficos.
Diseñar, dibujar, construir, crear, soñar despierto, mirar dibujos, Leer mapas, y gráficos hacer puzzles y laberintos, imaginar cosas, soñar despierto.
Trabajando con dibujos y colores, visualizando, usando su ojo mental, dibujando.
CORPORAL – CINESTÉSICA
La habilidad de manipular objetos y de coordinar y utilizar los músculos de forma harmónica, el equilibrio físico, la rapidez y la flexibilidad y la sensibilidad en el tacto.
Moverse, tocar y bailar, hacer teatro, los trabajos manuales, los oficios manuales y el lenguaje corporal.
Tocando, moviéndose, procesando información a través de sensaciones corporales.
MUSICAL
La sensibilidad para percibir tono, melodía, ritmo y entonación.
Cantar, tararear, tocar un instrumento, escuchar música.
Usando ritmos, melodías, cantando, escuchando música y melodías.
INTERPERSONAL
La capacidad de entender a las personas e interrelacionarse con ellas. La habilidad de liderar, organizar, comunicar, resolver conflictos y vender.
Tener amigos, hablar con la gente, juntarse con gente.
Compartiendo, comparando, relacionando, entrevistando, cooperando.
INTRAPERSONAL
La capacidad de entenderse a uno mismo, reconociendo los puntos fuertes y debilidades propias y estableciendo objetivos personales.
Trabajar solo, reflexionar, perseguir los intereses propios; fomentar la auto-disciplina.
Trabajando solo, haciendo proyectos a su propio ritmo, teniendo espacio, reflexionando.
NATURALISTA
La capacidad de observar la naturaleza y entender sus leyes y procesos, haciendo distinciones e identificando la flora y la fauna.
Participar en la naturaleza, hacer distinciones.
Trabajando en el medio natural, explorando los seres vivientes, aprendiendo acerca de plantas y temas relacionados con la naturaleza.

Developing Students’ Multiple IntelligencesNICHOLSON-NELSON, K. ( New York: Scholastic Professional Books 1998).

Pensando en los demás.

Emmanuel…

Simplemente sentimientos !!!

El test de la golosina

Las Golosinas – Pasaje del 1995 libro de Goleman

EL CONTROL DE LOS IMPULSOS: EL TEST DE LAS GOLOSINASImagine que tiene cuatro años de edad y que alguien le hace la siguiente propuesta: «ahora debo marcharme y regresaré en unos veinte minutos. Si lo deseas puedes tomar una golosina pero, si esperas a que vuelva, te daré dos». Para un niño de cuatro años de edad éste es un verdadero desafío, un microcosmos de la eterna lucha entre el impulso y su represión, entre el id y el ego, entre el deseo y el autocontrol, entre la gratificación y su demora. Y sea cual fuere la decisión que tome el niño, constituye un test que no sólo refleja su carácter sino que también permite determinar la trayectoria probable que seguirá a lo largo de su vida.Tal vez no haya habilidad psicológica más esencial que la de resistir al impulso. Ese es el fundamento mismo de cualquier autocontrol emocional, puesto que toda emoción, por su misma naturaleza, implica un impulso para actuar (recordemos que el mismo significado etimológico de la palabra emoción, es del de «mover»). Es muy posible —aunque tal interpretación pueda parecer por ahora meramente especulativa— que la capacidad de resistir al impulso, la capacidad de reprimir el movimiento incipiente, se traduzca, al nivel de función cerebral, en una inhibición de las señales límbicas que se dirigen al córtex motor.

En cualquier caso, Walter Misehel llevó a cabo, en la década de los sesenta, una investigación con preescolares de cuatro años de edad —a quienes se les planteaba la cuestión con la que iniciábamos esta sección —que ha terminado demostrando al extraordinaria importancia de la capacidad de refrenar las emociones y demorar los impulsos. Esta investigación, que se realizó en el campus de la Universidad de Stanford con hijos de profesores, empleados y licenciados, prosiguió cuando los niños terminaron la enseñanza secundaria. Algunos de los niños de cuatro años de edad fueron capaces de esperar lo que seguramente les pareció una verdadera eternidad hasta que volviera el experimentador. Y fueron muchos los métodos que utilizaron para alcanzar su propósito y recibir las dos golosinas como recompensa: taparse el rostro para no ver la tentación, mirar al suelo, hablar consigo mismos, cantar, jugar con sus manos y sus pies e incluso intentar dormir. Pero otros, más impulsivos, cogieron la golosina a los pocos segundos de que el experimentador abandonara la habitación.

El poder diagnóstico de la forma en que los niños manejaban sus impulsos quedó claro doce o catorce años más tarde, cuando la investigación rastreó lo que había sido de aquellos niños, ahora adolescentes. La diferencia emocional y social existente entre quienes se apresuraron a coger la golosina y aquéllos otros que demoraron la gratificación fue contundente. Los que a los cuatro años de edad habían resistido a la tentación eran socialmente más competentes, mostraban una mayor eficacia personal, eran más emprendedores y más capaces de afrontar las frustraciones de la vida. Se trataba de adolescentes poco proclives a desmoralizarse, estancarse o experimentar algún tipo de regresión ante las situaciones tensas, adolescentes que no se desconcertaban ni se quedaban sin respuesta cuando se les presionaba, adolescentes que no huían de los riesgos sino que los afrontaban e incluso los buscaban, adolescentes que confiaban en sí mismos y en los que también confiaban sus compañeros, adolescentes honrados y responsables que tomaban la iniciativa y se zambullían en todo tipo de proyectos. Y, más de una década después, seguían siendo capaces de demorar la gratificación en la búsqueda de sus objetivos.

En cambio, el tercio aproximado de preescolares que cogió la golosina presentaba una radiografía psicológica más problemática. Eran adolescentes más temerosos de los contactos sociales, más testarudos, más indecisos, más perturbados por las frustraciones, más inclinados a considerarse «malos» o poco merecedores, a caer en la regresión o a quedarse paralizados ante las situaciones tensas, a ser desconfiados, resentidos, celosos y envidiosos, a reaccionar desproporcionadamente y a enzarzarse en toda clase de discus iones y peleas. Y al cabo de todos esos años seguían siendo incapaces de demorar la gratificación.

Así pues, las aptitudes que despuntan tempranamente en la vida terminan floreciendo y dando lugar a un amplio abanico de habilidades sociales y emocionales. En este sentido, la capacidad de demorar los impulsos constituye una facultad fundamental que permite llevar a cabo una gran cantidad de actividades, desde seguir una dieta hasta terminar la carrera de medicina. Hay niños que a los cuatro años de edad ya llegan a dominar lo básico, y son capaces de percatarse de las ventajas sociales de demorar la gratificación de sus impulsos, desvían su atención de la tentación presente y se distraen mientras siguen perseverando en el logro de su objetivo: las dos golosinas.

Pero lo más sorprendente es que, cuando los niños fueron evaluados de nuevo al terminar el instituto, el rendimiento académico de quienes habían esperado pacientemente a los cuatro años de edad era muy superior al de aquéllos otros que se habían dejado arrastrar por sus impulsos. Según la evaluación llevada a cabo por sus mismos padres, se trataba de adolescentes más competentes, más capaces de expresar con palabras sus ideas, de utilizar y responder a la razón, de concentrarse, de hacer planes, de llevarlos a cabo, y se mostraron muy predispuestos a aprender. Y, lo que resulta más asombroso todavía, es que estos chicos obtuvieron mejores notas en los exámenes SAT. El tercio aproximado de los niños que a los cuatro años no pudieron resistir la tentación y se apresuraron a coger la golosina obtuvieron una puntuación verbal de 524 y una puntuación cuantitativa («matemática») de 528, mientras que el tercio de quienes esperaron el regreso del experimentador alcanzó una puntuación promedio de 610 y 652, respectivamente (una diferencia global de 210 puntos).”

La forma en que los niños de cuatro años de edad responden a este test de demora de la gratificación constituye un poderoso predictor tanto del resultado de su examen SAT como de su CI; el CI, por su parte, sólo predice adecuadamente el resultado del examen SAT después de que los niños aprendan a leer. “Esto parece indicar que la capacidad de demorar la gratificación contribuye al potencial intelectual de un modo completamente ajeno al mismo CI. (El pobre control de los impulsos durante la infancia también es un poderoso predictor de la conducta delictiva posterior, mucho mejor que el CI.)”’ Como veremos en la cuarta parte, aunque haya quienes consideren que el CI no puede cambiarse y que constituye una limitación inalterable de los potenciales vitales del niño, cada vez existe un convencimiento mayor de que habilidades emocionales como el dominio de los impulsos y la capacidad de leer las situaciones sociales es algo que puede aprenderse.

Así pues, lo que Walter Misehel, el autor de esta investigación, describe con el farragoso enunciado de «la demora de la gratificación autoimpuesta dirigida a metas» —la capacidad de reprimir los impulsos al servicio de un objetivo (ya sea levantar una empresa, resolver un problema de álgebra o ganar la Copa Stanley)— tal vez constituya la esencia de la autorregulación emocional. Este descubrimiento subraya el papel de la inteligencia emocional como una metahabilidad que determina la forma —adecuada o inadecuada— en que las personas son capaces de utilizar el resto de sus capacidades mentales.

El Triple Filtro

Cada hombre posee dentro de sí una parte de la verdad, pero a menudo sólo puede descubrirla con ayuda de los otros. Sócrates.

El Triple Filtro

En la antigua Grecia, Sócrates fue famoso por su  conocimiento. Un día, un conocido se encontró con el gran filósofo y dijo:

– “¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?”

– “Espera un minuto -replicó Sócrates-, antes de decirme cualquier cosa,
quisiera que pasaras un pequeño examen.

Es llamado el examen del “Triple filtro.”

– “¿Triple filtro?”

– “Correcto”. Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea tomar un momento y filtrar lo que vas a decir.

Es por eso que lo llamo el examen del triple filtro.

El primer filtro es el de la verdad:

“¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?”.

– “No -dijo el hombre-, realmente solo escuché sobre eso y……..”

– “Bien, entonces realmente no sabes si es cierto o no”.

Ahora permíteme aplicar el segundo, el filtro de la bondad:

“¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?”

– “No, por el contrario………”

– “Entonces -continuó Sócrates-, tú deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto. Tú puedes aún pasar el examen, porque queda un filtro”:

El filtro de la utilidad:

“¿Será útil para mi lo que vas a decirme de mi amigo?”

– “No, realmente no”.

– “Bien -concluyó Sócrates-, ¿si lo que deseas decirme no es cierto ni bueno e incluso no es útil, por qué decírmelo?”

Es por eso que Sócrates siempre ganó un alto respeto.

¡Qué buena la última frase de Sócrates antes de morir!:

-Critón, le debemos un gallo a Asclepio. Así que págaselo y no lo descuides-

Según Aristóteles:

 

No escribe libros, renuncia a la oratoria, no cobra a sus discípulos. Y no presume de sabiduría. Le dijeron que la pitonisa había dicho que no existía un hombre más sabio que él, pero él lo interpretó diciendo que quien cree que no sabe nada es quien más cerca está de la sabiduría, no los que creen que todo lo saben. Era un hombre impulsado por su interior a buscar la verdad, y dedicó toda su actividad a examinarse a sí mismo y a los demás respecto al bien del alma, la justicia y la virtud en general. Pensaba que la vida sin este tipo de reflexiones no merecía ser vivida. Se comparaba a sí mismo con un tábano que aguijonea a los demás para que no se duerman y presten atención a la virtud.

 

“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.” Aristóteles

Feliz Día de San Valentín.

Y para estar total, completa, absolutamente enamorado,hay que tener plena conciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor.

Mario Benedetti. Enamorarse.

Feliz día de San Valentín.

Frase del Día.

Ésta es nuestra obligación hacia el niño:darle un rayo de luz, y seguir nuestro camino.

Maria Montessori.


Frase del día.

“Jamás desesperes, aún estando en las mas sombrías aflicciones, pues de las nubes negras cae agua limpia y fecundante.”

UNAMUNO, Miguel 
Filósofo y escritor español.

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